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Sobre lo castizo perdido de Madrid
Reflexiones sobre el patrimonio del diseño gastronómico y el futuro de los locales de siempre.



Muchos nos quejamos de que en Madrid ya apenas quedan locales tradicionales, castizos o, incluso, históricos. Y lo atrayente de un bar o restaurante de toda la vida es esa costumbre consolidada a lo largo del tiempo. Ya uno conoce a los dueños, a los camareros, a otros vecinos que también lo frecuentan…

Se genera una pequeña tradición.


Captura de pantalla de la web de Paco Graco sobre el patrimonio gráfico de los rótulos madrileños.

Pero la rapidez con la que vivimos en la actualidad impide que las cosas se consoliden y maduren. Y eso en el mundo de los restaurantes en Madrid es algo preocupante. Muchos locales abren y cierran en poco tiempo por diversas razones (principalmente económicas). Seguramente seamos nosotros mismos los que alimentamos esta velocidad cultural, económica y ecológica. Si lo que queremos es ralentizar esa velocidad, entonces la única respuesta que se me ocurre aquí es ser más conscientes de nuestras acciones y elecciones. Y, por supuesto, compartir esa forma de ver el mundo con amigos y familiares.

Cuando veo esta realidad, no puedo evitar preguntarme:


¿Están condenadas las ciudades con ambición de crecer y transformarse en metrópolis cosmopolitas a perder la identidad de sus locales gastronómicos y su patrimonio?




La estética “specialty coffee” es como el estilo internacional en la arquitectura de los años 20 y 30 del siglo pasado.

Mirando desde Madrid, ¿qué ha pasado en otras metrópolis como Londres, NY, Tokio o París? Puedo decir, de las ciudades que conozco personalmente, que sí se ve una cierta estandarización de espacios comerciales, producto de la globalización. Pero en todas ellas, la propia ciudad, su arquitectura, su cultura tiene unas características tan propias de ella que siempre se van a distinguir de alguna manera.

En realidad, por mucho que lo piense, aún no tengo respuesta clara a esta pregunta. Pero desde luego hay varios puntos de vista sobre el asunto. ¿Qué maneras tenemos nosotros de actuar y proteger ese patrimonio cultural y arquitectónico a la vez que permitimos la llegada de cosas nuevas y enriquecedoras?

Y aquí es donde entra en juego nuestra responsabilidad profesional. En el mundo del interiorismo, ¿deberíamos seguir las tendencias o realizar algo único? Al final, seguir tendencias es una herramienta de atraer al público general sin riesgos. Hacer algo distinto es más arriesgado porque puede salir muy bien y marcar tendencia o muy mal y que la gente no lo compre. Depende del carácter del proyecto y de las ganas de asumir riesgos del emprendedor que monta el negocio. Además, habría que ver qué busca el público. ¿Buscan algo supercomercial? ¿Buscan algo especial?

Creo que los diseñadores tenemos que ayudar a los empresarios y emprendedores a crear proyectos atractivos; y los gustos, queramos o no, siguen tendencias. Pero también tenemos la responsabilidad de desarrollar proyectos auténticos y duraderos, y por eso debemos entender muy a fondo a los clientes y lo que quieren contar con su proyecto.

Escribiendo esto, me surge otra pregunta: ¿tener un briefing super claro en un proyecto hace que el resultado sea muy rígido y que apetezca poco? Creo que tener o no un storytelling claro es algo que pide el propio proyecto.


Proyecto chulísimo del estudio Masquespacio en Barcelona con una estética Art Deco que no muestra ningún rastro del local original.

El concepto refuerza la idea del producto que se quiere vender. Pero hay que saber ejecutarlo bien. No basta con eliminar todo rastro del local e imponer un diseño. Desde mi punto de vista, hay que analizar y valorar bien el espacio para adaptar el concepto a sus características y que vivan conjuntamente. De esta manera, se mantienen una conexión con lo anterior y se propone algo nuevo e interesante.

Y esto me lleva a otro dilema igual de importante: ¿qué decir del impacto medioambiental que supone reformar un local con materiales recién colocados? En muchas ocasiones, esos materiales no sirven para el nuevo concepto y se tienen que desechar. Además es más barato tirarlo todo y empezar con el local vacío. ¿Y quién se mete, después de pagar un traspaso estratosférico, a emplear tiempo y dinero en ir viendo qué le puede servir para el nuevo negocio?

Pero ahí es donde los emprendedores y los diseñadores (sí, ambos) tenemos la responsabilidad de valorar el impacto medioambiental de la reforma que vayamos a hacer.


Mobiliario hecho a medida diseñado por Lucas Muñoz para el restaurante Mo de Movimiento, en el que reutiliza materiales de los escombros (tratados, obviamente).


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